Querido Narán: saludos desde la distopía

Querido Narán,

me gustaría poder decirte que las cosas han mejorado en estos dos meses, pero no es así. Quisiera poder anunciar que hemos vencido al coronavirus y que la humanidad ha encontrado un nuevo propósito, un renovado sentido de conexión y hermandad. 

La cruda realidad es otra. En plena pandemia, no dejan de aflorar los mismos problemas que venimos cargando desde hace tanto. Desde siempre. Aquellos que no nos permiten crecer, evolucionar, alcanzar nuestro potencial como especie. 

Este inolvidable año trajo a la superficie algunos de nuestros rasgos más oscuros. 

Toma la historia de Caín y Abel. Dos hermanos compiten por la atención y aprobación de Dios. Uno la obtiene, el otro no. El segundo mata al primero y aquí es donde se escucha el efecto sonoro del disco que se detiene cuando se bota la aguja. ¿Caín mató a su propio hermano? Pues sí.

Esta historia simboliza la violencia fraternal, un capítulo muy largo de la condición humana. Tan antiguo como la misma especie. Hacerle daño a tu hermano parece ir en contra de la intuición, del instinto incluso. Pero es una historia que hemos repetido millones de veces. Y contando. 

¿Por qué lo hizo Caín? ¿Cómo es que su rencor pudo más que la empatía? ¿Por qué gravitamos hacia los actos más violentos con tanta facilidad, con tanta fuerza? ¿Por qué era tan importante ganar? 

Ha pasado mucho tiempo desde que esta historia fue escrita, pero poco ha cambiado. Seguimos encontrando razones para dividir, para enfrentar, para dibujar líneas en la arena. Para agredir, conquistar y despojar. Cuando no es la religión, son las líneas imaginarias que dividen el trozo de planeta en donde nacimos. O el color de nuestra piel. 

Tal vez hayas escuchado o leído de la crisis social y humanitaria que se vive en Estados Unidos que, hasta este momento, sigue siendo la máxima potencia política y cultural. La muerte de George Floyd, a manos de un policía, desató una ola de protestas que han sido brutalmente reprimidas por el gobierno. 

No solo eso. Así como el incidente despertó las conciencias y sacó a la gente a marchar a las calles, también hizo que salieran de las cloacas los racistas. Puedes verlos atropellando manifestantes o comentando en Twitter. En Estados Unidos, en México, están por todas partes. 

Y la verdad es que resulta desgarrador. Tan solo en la historia reciente, los últimos cien años, tenemos algunos de los acontecimientos más trágicos que se han suscitado por causa del racismo. Algunos de los crímenes más viles y las manifestaciones más perversas y violentas de este problema. Y parece que no hemos aprendido nada. Parece que todo ha sido en vano. 

Tal vez no es así, pero el que todo esto se haya dado en esta época pinta mi percepción de color gris oscuro. Si en la carta anterior te hablaba de la esperanza de que este virus nos recordara que todos somos parte de lo mismo y estamos conectados, en esta puedo decirte, con toda seguridad, que eso no va a pasar. Hoy, la sensación es que tenemos mucho camino por recorrer. Mucho dolor por padecer. 

Pero qué distante es todo este sufrimiento para ti, ahora que tu vida es más sencilla y feliz que nunca. Estos últimos dos meses los hemos pasado encerrados en la casa. Hace como un mes, incluso, prohibieron que los niños salieran a la calle. Yo pensé que esto iba a ser el acabose, ¿tú encerrado todo el día en este diminuto espacio? 

Me equivoqué. La verdad es que has estado, por la mayor parte, más tranquilo que nunca. Tal vez es que nos tienes todo el día aquí, o quizá es la rutina que logramos construir. Lo cierto es que te sentimos contento, cariñoso, adaptado. 

Hemos pasado mucho tiempo y hecho muchas cosas juntos. En mayo me propuse hacer un mini-film todos los días y en varios de ellos me ayudaste, nos divertimos mucho.

Has estado tomando clases de música y la estás rompiendo. Puedo ver que, más allá del talento natural que tienes, es algo que genuinamente disfrutas y te emociona. Tu maestro está sorprendido contigo y dice que cuando cumplas seis años te va a sentar en un piano. 

También te la pasas haciendo dibujos y estos han evolucionado mucho. Tu mamá y yo oscilamos entre comentar tus nuevas técnicas y psicoanalizar las posiciones de cada miembro de la familia y cuántas extremidades tiene cada uno. Así es como hemos dado con esta extraña tendencia de dibujar a tu hermana sin brazos, a veces sin cara. Más allá de preocuparme por eso, me gustaría entender todas esas emociones, tan chiquitas y tan grandes a la vez, que fluyen por esa cabezota. Sé que te sientes un tanto desplazado. Sé que no te encanta compartir la atención. También sé que estás aprendiendo, poco a poco, a amar a tu hermana. A verla como tu cómplice y no como tu competencia. 

Después de todo, ella es lo que tienes en este mundo. Vas a tener amigos y los vas a perder. Amores tal vez vayan y vengan. Otros familiares estarán ahí para ti, a veces sí y a veces no. Pero tu hermana siempre será tu hermana, esa persona con quien compartes un backstory, una crianza, dos papás y un genoma. Ese vínculo es imposible de replicar. 

Y estoy seguro de que, eventualmente, vas a comprender esto plenamente. Por ahora, no estamos ahí todavía, no del todo. Pero ahí la llevamos. 

Recuerda la historia de Caín y Abel y aprende de la lección que contiene entre líneas. No hay nada más perverso y profano que levantar la mano contra tu propio hermano. Nada refleja tanto la victoria del ego sobre una persona que el menospreciar, discriminar, lastimar y atacar a su próximo. Si puedes entender esto, ya estás del otro lado.

Hace un par de días que la cuarentena se relajó un poco en la isla. Justo a tiempo para nuestra partida definitiva. Seré franco: me inquieta un poco ir al mundo exterior. Siento que haber estado aquí durante la pandemia me hizo sentir seguro, resguardado. Como tú lo estás ahora, cuando tu vida entera se desarrolla bajo nuestra compañía y supervisión. Sé que no será así siempre, tarde o temprano tú también tendrás que salir a hacerte bolas a un mundo que es tan fascinante como aterrador. 

Tampoco quiero engañarte acerca de lo que puedes encontrar allá afuera. El mundo es una jungla cruel y el universo es un campo de juego neutro y frío. Así que mi plan es mostrarte diferentes paradigmas y formas de percibir el mundo. Compartirte cuál sería mi ideal, pero contrastarlo con la realidad. Así, tú sabrás que switch subir y cuál bajar, según lo requieras. En el mejor de los casos. 

Hace poco me hiciste algunas preguntas sobre el Boogeyman, el villano de tu nueva película favorita. De pronto, me vi hablando contigo del bien y el mal y lo único que podía pensar es que no sé si quiero este trabajo. Pero pues ya lo tengo, así que solo me resta entregarme y esperar lo mejor. 

Quisiera poder decirte y que me entendieras que lo mejor sería olvidar esa prisa que has expresado tener por crecer y ser grande. 

Como seguramente ya lo sabes, es una trampa. 

Abraham B.R.

Cosas random

Nunca olvidaré las mañanas de workout y yoga, ni las tardes de construir con bloques, jugar a las escondidas y luchitas. Tus extraordinarios dibujos, tus canciones, tus puntadas. Gracias por este tiempo. 

Película: Rise of the Guardians

Libro: Horton and the Kwuggerbug

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