La primera vuelta al sol

Los primeros humanos que contaron los años no sabían nada acerca de un planeta redondo girando a toda velocidad alrededor de una estrella. Sabían que había cuatro estaciones, que se sucedían una y otra vez, siempre en el mismo orden. Este conocimiento era muy útil para la agricultura y también para comprender más sobre la naturaleza de nuestra realidad: una aparentemente interminable sucesión de ciclos. 

Es por eso, querida Maia, que los ciclos son tan importantes para nosotros. Los contamos, los anunciamos, los celebramos. Sobre todo, nos toca vivirlos. Y, al hacerlo, aprendemos acerca de la unión entre un final y un nuevo principio, aprendemos sobre los tiempos naturales de cocción de la vida y también aprendemos que estar vivo es dejar ir, una y otra vez. 

Lo que sí es que hay algo muy especial acerca de los ciclos y ese ritmo que comunican. A mí me encanta pensar en cómo se manifiesta el cambio a través de los ciclos. ¿Has notado cómo pueden cambiar las cosas en el transcurso de un año? ¿Cómo puede cambiar la vida?

La mía, por ejemplo. 

Primeras impresiones en el planeta Tierra

Chiquipulga, has venido a traer un balance más que necesario a nuestra familia. Esa energía tan liviana, ese –casi– inquebrantable buen humor y tus maneras tan naturalmente cariñosas aportan mucho más de lo que parece. Mucho más de lo que puedes imaginar. 

Poco a poco, en el transcurso de un año, has abierto nuevos espacios en mi corazón. Con ese brillito en los ojos, has iluminado recámaras de mi ser que ni siquiera estaba al tanto de que existieran. 

En un año, he aprendido que la experiencia de la paternidad puede variar enormemente de un hijo a otro. De un momento en la vida a otro. Me has enseñado a mantener los brazos abiertos a la vida, sin miedo ni expectativas. Me has enseñado a disfrutar de la zona más superficial de la playa, ahí en donde la arena es un atractivo e inagotable lodo. Ahí, en donde jugar se convierte en toda una meditación. 

Un año de conocerte. Una de las más lindas e inolvidables vueltas al sol de toda mi vida. Lo sé porque, aunque todo parece estar de cabeza y cuesta arriba, no necesito nada más que tus enormes ojos al despertar para creer, genuinamente, que todo está bien. 

Para celebrar tu primer año, recibimos a la familia y algunos amigos cercanos en la casa de tu bisabuela en Mérida. Este video es la historia de ese día en el que, como siempre, muchas cosas no salieron como las planeamos, pero en el que lo pasamos muy bien y como debe de ser en estos días: juntos. 

Nuestro primer VLOG

Felicidades, Maia. Con el tiempo, verás que estas vueltas al sol se vuelven más frenéticas y complejas. Cada ciclo traerá sus propios aprendizajes y sufrimientos, solo espero poder estar a tu lado por mucho tiempo y presenciar tu aventura. 

Mientras tanto, seguiré disfrutando de esos momentos místicos, como cuando recargas tu cabeza en mi pecho o cuando me muestras, orgullosa, ese bolo de arena mojada que has logrado amasar con tu diminuta mano. Sé que muy pronto se terminará esta etapa y por eso la estoy gozando a conciencia. Sé que el tiempo se nos escurre como esa arena lodosa entre las manos y por eso tomo fotografías mentales a cada rato. La primera vuelta al sol ya se nos fue, pero me encanta saber que ahora comienza un nuevo ciclo en el que te iremos descubriendo cada vez más. 

Abraham B.R.

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