Una vez en un lunes de quincena

En la sociedad en la que vivimos, el día 15 del mes se recibe con mucha alegría. Es un día en el cual a muchos nos pagan, tenemos dinero y sentimos que vale la pena trabajar. Hay una quincena, en particular, que nunca olvidaré. El 15 de octubre de 2018 fue recibido en esta casa con más alegría que una quincena cualquiera. 

Ese día, tempranito en la mañana, sentí la primera contracción. A eso de las 5:00-5:30. Pasé algunas horas en negación porque 1. me moría de susto y 2. faltaba todavía una semana para la fecha oficial. En el momento, me di cuenta de que no tenía nada listo.

Acabábamos de llegar a Mérida y todavía estábamos desempacando cajas. La ropa todavía no estaba en su lugar, ni los platos, ni los libros, ni el 70% de la casa. Todo era un desastre.

Cómo iba a traer a un bebé a una casa que llevábamos cuatro días desempacando. No estaba lista ni tranquila (porque esas cosas, que antes no importaban, importan mucho cuando se trata de tu bebé). 

A eso de las 8:00, que las contracciones ya empezaron a doler en serio, me di cuenta de que no podía negarlo más. Le avisé a Abraham, que me hizo la misma cara de susto; a Narán, que no sabía ni que hacer, y a los cercanos. La abuela corrió al aeropuerto y todo se puso en marcha. 

Ropita, pañales, cobijas, pomada, maleta. Comida de perros, comida para Narán, respira, lagrimita.

Mejor nos quedamos a comer y dejamos que pase más tiempo, no vaya a ser que me dé hambre. Tratando de aferrarme unos momentos más a mí “normal”. Abrazando un poco más al que en unas horas va a dejar de ser el bebé.

Me hago a la idea, me subo al coche. Aunque llevaba nueve meses preparándome, en estos últimos momentos agarro aire y me despido de la vida como la conozco.

Vamos en el coche. Nos miramos, lágrima, respira. Una caricia por aquí, lágrima, respira. Ana: res-pi-ra. Veo a Narán por el espejo, va cantando The wheels on the bus a todo pulmón.

“Amor, vamos a ponerle Maia”. 

“¿Cómo?”

“Que se llame Maia”. 

Llegamos al hospital y, como habíamos temido, las contracciones ya son muy fuertes y el parto no parece estar avanzando. Un escalofrío me recorre todo el cuerpo al acordarme de la experiencia con Narán . No sé que me da más miedo. Y es que esto de parir no es cosa fácil, de ninguna de las dos formas. ¿Qué será peor? Le damos una hora y vemos. 

Llega la abuela, llega la fotógrafa, llega la hermana. Todos listos.

Pasa la hora y se decide que llegará por cesárea. Susto. Más susto. ¿Qué se siente? De la otra no me acuerdo. Lágrimas, catéter, vendas.

Yo pienso que todavía tengo un rato. Abrazo a Narán, me encomiendan, lo abrazo y lo beso tanto. Su sonrisita de bebé siempre va a estar guardada en mi alma. “Te veo al ratito.” Me despido sabiendo que esa fue la última vez que vi a mi bebé, al regresar ya será un niñito, un hermano mayor.

Llega el doctor. “Estamos listos, vámonos.”

“¡¿Ya?!” 

Nos vamos.

Entro al quirófano. No recuerdo nada. Me explican de la anestesia, me preguntan cosas. Van, vienen, dan vueltas, no me muevo y todo sale bien.

El primer susto se acabó. Ahora solo falta que me rajen la panza. Uf. Entra Abraham, yo lloro y lloro y no puedo dejar de llorar. Los doctores hablan, yo lloro. No sé si es más el miedo, la sensación de las manos dentro de mi cuerpo o la emoción de verla al fin. En ese momento, no existe nada. Todo se mueve lento, ya están llegando, lo siento. 

3:30 y ya la vida se ve diferente. Llegaste a llenarla de luz y de harmonía. Eres balance, amor y cuidado. La más bella de las estrellas.  Grandeza, guerrera valiente. 

Gracias por elegirnos, Maia. Gracias por llegar. Gracias por este año lleno de sorpresa, de emoción. Gracias por ser lo que nos faltaba, por llegar a completar lo que somos. 

Recuerdo amar estos primeros días, llenos de abrazos y besos. Al fin conocerte y tenerte entre mis brazos. De no hacer nada más que reconocernos y saludarnos. De sentirme plena y feliz por saberte mía y saberme tu mamá. Gracias por la oportunidad. Nada en la vida se compara a tenerte y vales todos los esfuerzos, las lágrimas y la espera. Lo vales todo mi Maia. 

Feliz cumpleaños mi guerrera. 

Ana E.B.

Fotos por: Albany Álvarez, ¡chequen su Instagram!

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